martes, 30 de octubre de 2012

Procesadores de texto y formatos en el negocio de la traducción

Usos específicos de tratamientos de texto en traducción. Funciones específicas de Word y útiles para el traductor.


Hemos repetido innumerables veces que el negocio de la traducción, hoy en día, no se concibe sin mencionar y aplicar al mismo tiempo las nuevas tecnologías lo cual implica el conocimiento por parte del traductor de programas informáticos específicos para conseguir la mayor eficiencia posible en el desempeño de su labor y un alto conocimiento (avanzado) de programas “básicos” tales como procesadores de texto, conversores, programas para contar palabras…

Así, es vital que el traductor sepa manejar a la perfección las múltiples herramientas de Word (hay algunas que son especialmente útiles en lo que respecta a mejorar la calidad de su tarea) como por ejemplo la revisión ortográfica y gramatical, la inserción de guiones, guardar documentos en diferentes tipos de formatos, saber convertir archivos, etc.

Al igual que al traductor se le exige como profesional conocer y manejar determinadas herramientas informática, este debe tener en cuenta que del mismo modo que a él se le exigen ciertos “requisitos”, también debe establecer pautas para que la introducción de la informática en su labor no traiga consigo más desventajas que ventajas. Un ejemplo podría ser el siguiente: el traductor deberá ser capaz de solicitar al cliente que le proporcione el formato original del texto si este le ha enviado solamente el formato PDF para poder manipularlo. Es decir, que al igual que el traductor integra las nuevas tecnologías y herramientas informáticas en su método de trabajo a parte de por facilitar el desempeño de su tarea por la presión que ejerce el cliente (reducción del tiempo máximo para entregar un encargo, etc.), el cliente y, de algún modo, el propio mercado deben acoplarse al propio proceso que el trujimán debe llevar a cabo.

Para indagar acerca de estas herramientas que nos ofrece Word, se propusieron algunos ejercicios con funciones como la de “buscar y remplazar”, “conversión de Word a PDF”, “control de cambios e inserción de comentarios”… He de decir que a mi modo de ver se trata de funciones extremadamente útiles que permiten ahorrar tiempo y facilitan el manejo del texto o documento propiamente dicho pero que, en algunos casos se da la incompatibilidad de formatos cuando se trata de aplicar comandos en la función “buscar y remplazar”. Por ejemplo, en algunas de las funciones que expone Tibor Környei en su artículo “Using MS World’s Advanced Find and Replace Function” en la revista de Tradumàtica, ciertos comandos no son válidos para la versión Word 2010 pero sí para la XP, entre otras.

Por otro lado, en cuanto a la conversión de documentos con formato .docx a formato PDF, encuentro insuficiente la función de Word puesto que en muchos casos aunque se mantiene todo el texto, se desmantela el orden el documento, se introducen saltos de párrafo y de página innecesarios, etc. por lo que los programas específicos para llevar a cambio de cambio de formato (incluso algunos se pueden realizar directamente a través de páginas web) considero que realizan una conversión de manera más satisfactoria. Son herramientas de más calidad.

Finalmente, encuentro especialmente útil la función de “inserción de comentarios y control de cambios” sobre todo cuando se trabaja en grupo y se realizan cambios o cuando se completa el proceso de revisión en la tarea traslativa y el texto corregido se envía al traductor que podrá estar de acuerdo o no con las correcciones del revisor (con esta opción podrá ver qué cambios se han realizado) y así rebatirlos o aceptarlos.

Laura García Albarrán

lunes, 29 de octubre de 2012

Globalización y bilingüismo en la traducción

Comentario sobre la primera presentación oral: introducción a la informática aplicada a la traducción y bilingüismo del traductor.

El pasado 24 de octubre expusieron un grupo de cuatro alumnos un trabajo cuyo contenido queda más o menos sintetizado en el título de esta entrada. La primera parte de la exposición versaba sobre la introducción de productos informáticos en la disciplina de la traducción –que como ya se sabe- hoy en día es vital. Se trata de herramientas fundamentales para que el traductor desempeñe su tarea de manera satisfactoria y que, por otro lado, la faciliten puesto que proporcionan información rápida lo cual permite aumentar la eficacia en la a veces tediosa tarea del traductor. A lo largo de la charla, se expusieron también qué herramientas y métodos novedosos se han ido imponiendo en este mercado, cuál ha sido el efecto provocado etc. Asimismo, se hizo también especial hincapié en el fenómeno de la globalización y en cómo esta ha hecho que el negocio de la traducción “prospere” o que, al menos, el volumen de traducciones que el mercado solicita sea cada vez mayor. Esta globalización trae consigo también una adaptación de los productos a las diferentes culturas (localización). Es decir, cómo adaptar un producto (o una publicidad) para que tenga éxito en el país de llegada. Así, se vieron ejemplos de traducciones de eslóganes de Coca-Cola, productos para bebés, etc. en cuyas premisas o imágenes que los acompañaban se detectaban errores colosales debido a un fallo en el proceso de localización: mensajes o simbología que traducidos de una cultura a otra adquieren distinto significado, con lo que el receptor recibirá una información distorsionada, errónea del producto que se le quiere vender. Esto dará pie al fracaso del producto o a su escaso éxito.

A raíz de dicha introducción “masiva” y totalmente necesaria de las nuevas tecnologías en el negocio de la traducción se han creado nuevas figuras como el freelance y también agrupaciones de traductores que realizan una actividad conjunta. El que se haya producido este fenómeno (asociaciones de traductores) se explica dadas las exigencias del mercado actual. Es decir, el avance de las tecnologías (que facilitan la labor del traductor a la vez que la agilizan) y su introducción en la vida diaria del trujimán ha provocado que el tiempo o el plazo que se le concede para entregar la traducción sea más corto, a veces insuficiente para que una sola persona lo pueda llevar a cabo. A su vez, vemos que el “método” de asociaciones de traductores que responde a las necesidades mercantiles que hoy en día se demandan no siempre es “rentable” o adecuado para todo tipo de traducción. Este sistema, podríamos decir que no se adecua a ciertos tipos de traducción como la literaria que requiere de una sola persona que la caracterice con su propio estilo, entre otras.

Por último se trato el tema del bilingüismo del traductor: ¿los textos producidos por un traductor bilingüe son de mayor calidad que los de uno no bilingüe? Se trata de una cuestión que genera controversia. Por un lado, el traductor bilingüe no va a encontrar, por lo general, problemas de compresión de textos o al menos le costará menos captar todos los detalles del discurso; y el traductor no bilingüe empleará más tiempo en la búsqueda de expresiones, unidades léxicas, estructuras, etc. A esto se suma el papel tan importante que juega la cultura en la traducción: saber acoplar o transformar los elementos culturales que aparecen en el texto de partida a otros equivalentes o similares en el texto de llegada.

Según lo expuesto en la presentación oral existen dos tipos de bilingüismos: el que adquiere la lengua desde pequeño con lo cual tiene un contacto equivalente con ambas lenguas (50% y 50%). Es decir, posee dos lenguas maternas; y el que adquiere la segunda lengua de más mayor pero consigue un dominio completo o casi completo. En los dos casos podría haber carencias culturales en una de las dos lenguas o incluso en las dos (este último caso tendría más sentido si lo aplicáramos al bilingüe que posee dos lenguas maternas puesto que se contacto con ambas culturas es mitad y mitad). Aunque, también podría ocurrir que se tenga más conocimiento de una de las lenguas/culturas (es lo que suele ocurrir puesto que, por norma general, una de las lenguas se acaba imponiendo). En el caso del bilingüe con una sola lengua materna, es evidente que tendrá mayor conocimiento de la lengua y cultura de la primera lengua adquirida cuando es pequeño.

A mi modo de ver, no por ser bilingüe se es mejor traductor puesto que entran en juego otros factores de esencial relevancia. El hecho de leer, viajar, tener inquietudes culturales y, en definitiva, el bagaje cultural propio son elementos determinantes para, de algún modo, “juzgar” la calidad del traductor. La formación profesional recibida también lo es puesto que el traductor profesional adquiere (a lo largo de su formación) unas habilidades y destrezas que lo capacitan para desempeñar una labor de calidad, por lo que la traducción de alguien que no ha recibido este tipo de formación presentará carencias, imprecisiones y la calidad será peor, mucho más escasa.

Laura García Albarrán

miércoles, 10 de octubre de 2012

¿Traducción humana o mecanizada?


El entorno de trabajo del traductor y las tecnologías de la información. Automatización del proceso de traducción.

Hoy por hoy y más que nunca, ¿cómo la disciplina de la traducción no se iba a ver afectada por los progresos e invenciones de la era tecnológica en la que vivimos?

Bien es cierto que los intentos de introducir la tecnología –e incluso de sustituir al ser humano por máquinas y programas- datan de hace más de tres siglos (los primeros indicios tuvieron lugar en el siglo XVII). Más tarde, entre los años 30 y 40 se empezó a hablar de automatización en la traducción. Pero hasta los años 70, tras un proyecto de investigación (FAHQT) financiado por el gobierno estadounidense no se concluyó que una máquina no podía traducir un texto con la misma calidad que un ser humano. El proceso era mucho más costoso y se necesitaba del juicio y perspicacia el hombre para conseguir una equivalencia óptima en la traducción. ¿Cuándo una máquina –creada por el hombre- podrá sustituir a este y más si en el círculo máquina-hombre entra en juego el lenguaje, en continua evolución, concebido como un sistema no estático? La respuesta según la gran mayoría de autores es sencilla: Nunca.

El comité ALPAC (quien concluyó de la manera antes expuesta) determinó que aunque una máquina nunca sustituiría al ser humano en el proceso traslativo sí sería una herramienta fundamental en el desempeño de dicho proceso. De tal forma que, actualmente, la mecanización o informatización de la traducción obliga al propio traductor a renovar sus métodos de trabajo e incluir estas herramientas en sus estrategias para traducir. Es decir, hoy en día para triunfar en el mundo de la traducción hace falta mucho más que ser bilingüe o haber recibido una formación como traductor profesional, son necesarios conocimientos sobre lingüística, sobre la cultura materna y de la lengua de llegada, también es importante saber diferenciar tipos de texto o discurso y, por supuesto, conocimientos en tecnología e informática. Asimismo, es importante para el traductor especializarse en ámbito o área del conocimiento concreto para así delimitar de alguna manera su campo de trabajo. Aunque, por otro lado, tampoco es beneficioso especializarse demasiado, puesto que podría suponer la pérdida de ofertas de trabajo no tan especializadas que podrían llevarse a cabo sin problema.

A su vez, el uso generalizado y el desarrollo de las herramientas de telecomunicación (sobre todo de internet) y la cantidad de información que estos producen (a veces a este proceso se le llama “infoxicación”), ha dado lugar a un fenómeno: la traducción “comunicativa” (traducción informal), que es aquella realizada por no expertos de forma gratuita. Desde luego, la calidad de estos textos va a depender de la proximidad entre las lenguas de y hacia las que se traduzca, la demanda de una equivalencia lingüística más o menos rigurosa y el potencial de las herramientas de las que se disponga. Este fenómeno, genera una problemática: la mayoría de las páginas web se escriben en inglés –lingua franca de la informática y otras muchas disciplinas- lo que, de alguna manera, aísla a aquellos que no son hablantes de dicha lengua. Es, por tanto, uno de los otros tantos problemas de la globalización. Una vez citado el proceso de globalización, cabe destacar la localización integrada en la traducción, es decir, el traductor competente debe saber adaptar las referencias culturales (eventos, fiestas, personajes, comportamientos específicos…) de un texto origen a otras distintas en el texto meta.

Con la inclusión y adaptación de las numerosas herramientas informáticas en el proceso traslativo, ya no solo se exige calidad en la labor del traductor (mayor acercamiento posible a una construcción nativa y rigurosa precisión) sino que también se pide –y cada vez con más exigencia- accesibilidad al perfil del traductor, eficiencia en el trabajo, es decir, velocidad y calidad compaginadas, etc. Es decir, que la planificación del tiempo y la publicidad de su propio trabajo se convertirán también en dos herramientas básicas. En el mundo de la traducción que, como vemos, se torna en negocio, el traductor desempeña muchas otras tareas además de la de traducir como la de gerente de producción de su propio negocio, realiza el control de calidad, la revisión y la edición, es también accionista, director de ventas, gerente de informática… por lo que debe plantearse otras cuestiones como qué quiere vender, a quién, por qué precio, ciertas estrategias para convencer al cliente, cuánto gastar en publicitarse (perfil de internet, listas de correo para traductores, etc.), en programas informáticos… Es decir, costes relacionados con el negocio que maneja.

Si volvemos a la automatización en la traducción, podría decirse que el desencadenante de que las máquinas fueran un recurso fundamental en la labor del traductor fue la disponibilidad de los caracteres de todas las lenguas en el sistema informático mediante un nuevo sistema de 16 bits llamado Unicode formado por 65 000 caracteres y creado por Windows-System. Una vez –y de forma inevitable ya que es mucho más rápido- se introdujo la tecnología en el proceso traslativo, la investigación en el campo informático va encaminada a facilitar la búsqueda, ampliar el número de fuentes donde elegir, su calidad y, sobre todo, optimizar la tarea del traductor. Para ello, es decir, para trabajar en la mejora de herramientas asistidas se precisa del desarrollo de hardware y software de traducción (búsqueda de terminología, edición…) y, como hemos dicho, facilitar la tarea del traductor mediante estas herramientas. Por ej.: seleccionando el campo semántico, el contexto de aparición, definición, detección de lengua… A su vez, se necesita potenciar el proceso de desarrollo de software en traducción puesto que es extremadamente complicado (la extracción de datos para crear fuentes terminológicas entre otros casos).

Así, el experto en el área Alan K. Melby clasifica diversos tipos de traducción automática y divide en cuatro niveles el proceso de traducción englobado en el mundo informático:
- Sistema MT basado en reglas: se apoyan en diccionarios y gramáticas.
- Sistema de traducción automática asistida
- Sistema de traducción automática estadística (SMT): como pueden ser los corpus bilingües.

(* Más adelante trataremos detenidamente la cuestión de las memorias de traducción).

1. Infraestructura: tiene que ver con la telecomunicación –internet, e-mail…-, el manejo de documentos de texto, bases de datos… Digamos que es la base del proceso de traducción automática o mecanizada.
2. Nivel terminológico (durante y después de la traducción). Es decir, la gestión de la terminología basada en la localización y extracción de términos del texto origen, búsqueda de los mismos, por ej., en bases de datos multilingües, ver cuál es su equivalente en la lengua meta y cerciorarse de que es así. Para ello también existen programas de filtros terminológicos que sustituyen el menos preciso o corriente (en el caso de que el traductor haya optado por él) por el más.
3. Nivel sintáctico (ídem). Dentro de dicho nivel hay que tener en cuenta que la segmentación (división en segmentos y su alienación  a partir de los equivalentes lengua origen-meta es vital para crear las memorias de traducción).
4. Saber gestionarse en la tarea de la traducción (no solo tiene que ser de calidad sino que debe tenerse en cuenta la localización, principales traducciones –cuáles se prefieren frente a otras-, revisión, etc.) y en las ganancias económicas obtenidas por desempeñarla. Cuanto más extensa es la traducción más cuidado habrá que poner en estos aspectos que, a su vez, deberían ir al unísono (nunca deberían separarse, deben entenderse como un conjunto).

Curiosamente, los niveles en los que Melby divide dicho proceso traslativo, siempre englobado en el ámbito informático, no están organizados por orden de importancia que adquieren dentro de los niveles que se establecen en el ámbito lingüístico. Por otro lado, también sorprende que el último nivel, el cuarto, sea el que más negocio genera en el mundo de la traducción (creación de nuevos productos, etc.).

Asimismo, cabe destacar que en lo que concierne a la extracción de términos para la creación de glosarios y obtención se segmentos equivalentes en las memorias de traducción (nivel 2 y 3 en la clasificación de Melby), los tipos de tecnología que se utilizan son los que se basan en un sistema matemático y otras que trabajan con diccionarios “internos” y demás materiales lingüísticos que, a su vez, son más precisos.
Todo traductor debe conocer y saber usar un programa de memorias de traducción que es una herramienta de lo más útil. Su función es reciclar textos: un texto en una lengua L1 y su equivalente traducido en L2. Es decir,  se trata de “bitext” (parejas de textos en lengua origen y su equivalente en traducción en lengua meta traducidos por humanos) que se segmentan a nivel sintáctico o por párrafos, con lo que el contexto de alguna manera se tiene en cuenta (no se perdería totalmente en nivel morfológico y sintáctico del discurso) ya que no se trata de una mera equivalencia léxica (traducción palabra por palabra) como ocurriría en otros sistemas de traducción automática que, evidentemente, no han triunfado. Como decíamos, no se presta atención al contexto (este solo se tiene en cuenta en los casos de desambiguación). Es decir, que son sistemas basados en los principios universales de la gramática generativa de Chomsky válidos para todas las lenguas.

Las ya citadas memorias de traducción son útiles, por ejemplo, si uno quiere documentarse para traducir una nueva versión de un producto que ha sufrido cambios mínimos o una versión revisada ya por un traductor de un documento que se ha traducido antes de que el propio producto saliera al mercado. Ejemplos programas de memorias de traducción son TRADOS o Déjà Vu.

Estas herramientas que venimos describiendo son importantes para conseguir una calidad suprema en la traducción pero existen otros requisitos que determinan la calidad del texto: coherencia, cohesión y adecuación (precisión), por lo que el último responsable de la calidad de la traducción será el propio traductor y no las fuentes que utilice. Él es el que garantiza dicha calidad (especificaciones, aclaraciones, optar por determinada traducción a propósito para enfatizar por ej.), las fuentes permiten optimizar su traducción.

Por último, una prueba o evidencia de que nunca una máquina sustituirá a un ser humano aunque sí se convierte en una herramienta de gran ayuda que facilita siempre la tarea. La evidencia de que la sustitución de una traducción humana por una completamente automatizada no ocurrirá es que la lengua no es estática, cambia y evoluciona y existen otros elementos que influyen en ella como el contexto (que una máquina no puede tener en cuenta) u otros recursos del lenguaje como la ironía, etc. La prueba física de ello es que el la plataforma Google translator se ha planteado una “traducción híbrida” en la que aparece la opción de “contribuir con una mejor traducción”, es decir, que el toque y el juicio humano siempre será necesario en esta disciplina.

Laura García Albarrán