Hemos repetido innumerables veces
que el negocio de la traducción, hoy en día, no se concibe sin mencionar y
aplicar al mismo tiempo las nuevas tecnologías lo cual implica el conocimiento
por parte del traductor de programas informáticos específicos para conseguir la
mayor eficiencia posible en el desempeño de su labor y un alto conocimiento
(avanzado) de programas “básicos” tales como procesadores de texto,
conversores, programas para contar palabras…
Así, es vital que el traductor
sepa manejar a la perfección las múltiples herramientas de Word (hay algunas
que son especialmente útiles en lo que respecta a mejorar la calidad de su
tarea) como por ejemplo la revisión ortográfica y gramatical, la inserción de
guiones, guardar documentos en diferentes tipos de formatos, saber convertir
archivos, etc.
Al igual que al traductor se le
exige como profesional conocer y manejar determinadas herramientas informática,
este debe tener en cuenta que del mismo modo que a él se le exigen ciertos
“requisitos”, también debe establecer pautas para que la introducción de la
informática en su labor no traiga consigo más desventajas que ventajas. Un
ejemplo podría ser el siguiente: el traductor deberá ser capaz de solicitar al
cliente que le proporcione el formato original del texto si este le ha enviado
solamente el formato PDF para poder manipularlo. Es decir, que al igual que el
traductor integra las nuevas tecnologías y herramientas informáticas en su
método de trabajo a parte de por facilitar el desempeño de su tarea por la
presión que ejerce el cliente (reducción del tiempo máximo para entregar un
encargo, etc.), el cliente y, de algún modo, el propio mercado deben acoplarse
al propio proceso que el trujimán debe llevar a cabo.
Para indagar acerca de estas
herramientas que nos ofrece Word, se propusieron algunos ejercicios con
funciones como la de “buscar y remplazar”, “conversión de Word a PDF”, “control
de cambios e inserción de comentarios”… He de decir que a mi modo de ver se
trata de funciones extremadamente útiles que permiten ahorrar tiempo y
facilitan el manejo del texto o documento propiamente dicho pero que, en
algunos casos se da la incompatibilidad de formatos cuando se trata de aplicar
comandos en la función “buscar y remplazar”. Por ejemplo, en algunas de las
funciones que expone Tibor Környei en su artículo “Using MS World’s Advanced
Find and Replace Function” en la revista de Tradumàtica, ciertos comandos no
son válidos para la versión Word 2010 pero sí para la XP, entre otras.
Por otro lado, en cuanto a la
conversión de documentos con formato .docx a formato PDF, encuentro
insuficiente la función de Word puesto que en muchos casos aunque se mantiene
todo el texto, se desmantela el orden el documento, se introducen saltos de
párrafo y de página innecesarios, etc. por lo que los programas específicos
para llevar a cambio de cambio de formato (incluso algunos se pueden realizar
directamente a través de páginas web) considero que realizan una conversión de
manera más satisfactoria. Son herramientas de más calidad.
Finalmente, encuentro
especialmente útil la función de “inserción de comentarios y control de
cambios” sobre todo cuando se trabaja en grupo y se realizan cambios o cuando
se completa el proceso de revisión en la tarea traslativa y el texto corregido
se envía al traductor que podrá estar de acuerdo o no con las correcciones del
revisor (con esta opción podrá ver qué cambios se han realizado) y así
rebatirlos o aceptarlos.
Laura García Albarrán
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