Memorias de traducción: funcionamiento, ventajas, desventajas, aprovechamiento.
Una memoria de traducción es una
base de datos en la que se almacenan segmentos de texto original asociados a su
traducción. Dichos segmentos previamente traducidos podrán ser utilizados en
otras traducciones de forma total o parcial.
Es importante no confundir una
memoria de traducción con un programa de traducción automática ya que es el
traductor el que lleva a cabo la traducción propiamente dicha del texto de
origen. La MT ayuda en el proceso traslativo tanto con herramientas de uso
habitual como con otros recursos “innovadores” dentro del ámbito de la
traducción asistida tales como el previo análisis del documento, la búsqueda
terminológica, la revisión… A su vez, también es importante no confundir la MT
con una base de datos ya que localiza segmentos exactos, parecidos o
aproximados aunque sí que incluye opciones de una base de datos como la compactación
o la fragmentación además de otras herramientas incorporadas como glosarios,
correctores, diccionarios, etc.
Si realizamos una traducción a
través de una MT, las fases de la traducción variarán: en la fase de análisis
del documento, además de la eliminación de gráficos y códigos de formato que se
llevará también a cabo en una traducción convencional, se compara con textos
almacenados y se evalúan los datos aprovechables. En la fase de preparación
terminológica, se introducirían los términos nuevos encontrados en lugar de ir
creando un glosario independiente por cada traducción, donde, además, la fase
de documentación quedaría aparcada. Y, en la última fase, la traducción del
texto como tal se traducirían los segmentos nuevos (una vez se activara la
autopropagación y se sustituyeran los previamente traducidos) y se
incorporarían los gráficos y códigos de formato (maquetación) que también se
llevaría a cabo en la traducción convencional. La función de revisión, al estar
integrada en el programa, sería más superficial por parte del traductor
(meramente comprobatoria) o incluso inexistente.
El proceso de creación de las
memorias conste de varias fases, por ejemplo, la segmentación generalmente se
realiza por oración (unidad básica de división) y viene determinada por marcas
de párrafo, signos de puntuación… aunque es posible establecer nuevos criterios
de segmentación. Si se reconoce un segmento, la MT lo presentará como candidato
y este podrá reutilizarse (teniendo en cuenta el contexto, destinatario, etc.)
o traducirse de nuevo. Si se opta por traducirlo de nuevo, la nueva traducción
quedará almacenada en la base de datos de la memoria. Para conseguir una
segmentación de calidad, hay que “retroceder en el tiempo” hasta la fase de
traducción del texto y darle a la traducción una estructura idéntica a la del
texto de origen. Dentro del proceso de segmentación existen varios tipos de
coincidencias detectables por el programa como las coincidencias exactas (los
segmentos coinciden en texto, puntuación y formato), las plenas (solo se
diferencian por elementos variables como números, nombres…), fuzzy matching (se
trata de coincidencias parciales o aproximadas; también se puede establecer el
umbral de sensibilidad que es el que determina mediante cálculos porcentuales
la proximidad entre segmentos), coincidencias terminológicas (el programa solo
reconoce uno o varios términos presentes en el segmento a través de la consulta
a sus propios diccionarios integrados) y coincidencias por subsegmentos
(reconocimiento de pequeños bloques de un segmento completo).
El proceso de alineación supone
la asociación de los segmentos en que se ha dividido el texto. Dependiendo del
programa que utilicemos es más o menos automático y será más fácil asociar los
segmentos originales a los traducidos, aunque también podrá hacerse de forma
manual. En esta fase es importante tener en cuenta el formato de exportanción
(.tmx).
Las memorias de traducción
aportan ciertas ventajas frente la traducción convencional como, por ejemplo,
en lo que se refiere a la terminología ya que aseguran una homogeneidad (uso
continuado del mismo término cuantas veces aparezca), ofrece versiones
avanzadas de los glosarios tradicionales y permite, además, importar glosarios
y diccionarios… también en lo que se refiere al editor de textos que ofrece
funciones similares a las de los procesadores de textos como la búsqueda y
sustitución, corrector y otras como añadir o delimitar grado de exactitud de
coincidencias o, incluso, en lo que se refiere a la revisión puesto que es una
función “incorporada” en el programa y no se lleva a cabo manualmente.
Asimismo, existen algunos
inconvenientes como la necesidad de convertir formatos (problemas de
incompatibilidades) o el conocimiento exhaustivo del programa para que este
resulte rentable o eficiente. En el momento en el que la interfaz cambie o se
cree una nueva versión, el traductor deberá adaptarse a este cambio.
Pero esto resulta ventajoso solo
para algunos tipos de texto: aquellos que presentan mayor número de
repeticiones (para la propagación) como los jurídicos —patentes—, científicos —prospectos—
o técnicos —instrucciones o manuales—, en páginas web, nuevas ediciones de
manuales, correcciones de textos previamente traducidos y, también, a modo de “reciclaje”
si se trabaja para la misma empresa o cliente puesto que será útil para
reciclar la terminología y estilo preferidos por el mismo.
Podría ser interesante que la
creación de una memoria de traducción fuera llevada a cabo por un grupo de
traductores, es decir, varios traductores alimentando una misma MT aunque,
desde luego, bajo control, supervisión y revisión del material que se almacena.
Llegados a este punto habría que cuestionarse, entre otras cosas, el campo de
trabajo (jurídico, científico…), evaluación de la homogeneidad del grupo de
trabajo, la estimación del volumen de traducción, valoración de lo que ya se ha
traducido, búsqueda de terminología… Podría ser productivo para la creación de
corpus informatizados especializados en un área, por ejemplo.
Por último, con el desarrollo de
los programas de memorias de traducción se ha generado debates en torno al
negocio de la traducción como, por ejemplo, si se debe cobrar al cliente por
segmentos repetidos, si se debe incrementar el precio por tiempo invertido en
revisión de coincidencias exactas, parciales… o, incluso, si se debe cambiar de
unidad a la hora de establecer el precio por traducción y, en vez de basarlo en
número de palabras traducidas, basarlo en líneas u horas de trabajo que tienen
en cuenta otros factores que influyen en el proceso de la traducción como la
conversión de formatos o la preparación de los textos, aunque, por otro lado,
quedaría infravalorada la documentación.
El debate surge también en torno
de los propios programas como si se deben integrar procesadores de texto como
tal, herramientas de gestión terminológica, programas de traducción automática…
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